Arrebol: el reflejo de mi infancia. 

By

Cuando era niña, había muchas cosas que no entendía. Creía que la vida simplemente era así, que había que aceptar el dolor en silencio y seguir adelante. Pensaba que si algo dolía, era porque yo no era lo suficientemente buena. Pero con el tiempo, miré hacia atrás y descubrí que, incluso en los momentos más oscuros, había semillas de aprendizaje que en ese entonces no podía ver.

Hoy sé que mi infancia, aunque difícil, me enseñó lecciones que me convirtieron en quien soy. Lo que antes me parecía injusto o incomprensible, ahora lo veo con otros ojos. Cada herida, cada ausencia y cada desafío fueron, sin darme cuenta, los cimientos de mi fortaleza.

Lecciones que la infancia me dejó

1️⃣ La infancia perfecta no existe, pero el amor deja huella

Cuando era pequeña, viví dos realidades completamente diferentes. Por un lado, estaban mis abuelos, quienes me dieron amor incondicional, protección y un refugio de felicidad. Con ellos, me sentía segura, querida y valorada. Pero cuando regresé a vivir con mis padres, todo cambió.

En ese momento, no entendía por qué la alegría que conocía desaparecía poco a poco. Sentía que había hecho algo mal, que quizás no era lo suficientemente buena para seguir recibiendo ese amor.

Lo que entendí con el tiempo

Hoy sé que la infancia perfecta no existe, pero que los momentos de amor y protección dejan una huella imborrable. A pesar de lo difícil que fue alejarme de ese refugio, me di cuenta de que el amor que recibimos, por pequeño que sea, nos da fuerza para seguir adelante. Los recuerdos con mis abuelos fueron mi ancla en tiempos difíciles y, en muchos sentidos, aún lo son.

2️⃣ No era yo la que estaba equivocada, sino mi entorno

Desde pequeña, fui consciente de que algo en mí no encajaba con las expectativas de los demás. Me comparaban, me señalaban mis defectos y me hacían sentir que no era suficiente. En ese momento, asumí que el problema era yo. Pensaba que, si me esforzaba más, si cambiaba, si era mejor, quizá algún día sería suficiente.

Lo que entendí con el tiempo

No era yo la que estaba mal. El problema no estaba en mí, sino en la forma en que me hicieron ver el mundo. Con los años entendí que muchas veces las personas proyectan sus propios miedos, frustraciones y vacíos en los demás. Me costó mucho cambiar la voz interna que me decía que no era suficiente, pero hoy sé que mi valor nunca estuvo en manos de nadie más que en las mías.

3️⃣ El dolor me enseñó a ser fuerte antes de tiempo

A una edad en la que debería haber estado jugando y explorando el mundo sin preocupaciones, yo estaba aprendiendo a protegerme, a callar y a sobrevivir en un entorno que no me ofrecía seguridad. No tuve el privilegio de una infancia despreocupada, porque tuve que hacerme fuerte antes de tiempo.

Recuerdo momentos en los que sentía que todo me sobrepasaba, en los que la tristeza y la soledad parecían no tener fin. Había noches en las que me hacía la dormida, esperando que la angustia desapareciera por sí sola.

Lo que entendí con el tiempo

Hoy sé que esa niña, la que aguantó más de lo que debía, la que creció sin un espacio seguro, es la razón por la que soy tan fuerte hoy. Aprendí a encontrar mi propia luz en la oscuridad. Me di cuenta de que, aunque en ese momento me sentía sola, en realidad estaba construyendo una fortaleza interna que con los años me ha permitido seguir adelante sin rendirme.

Reflexión final: Las heridas también enseñan

Si pudiera hablar con mi niña interior, le diría que no estaba rota, que no había nada malo en ella, que no tenía que cargar con culpas que no le correspondían. Le diría que algún día encontraría su voz, que dejaría de sentirse invisible y que descubriría que dentro de ella siempre hubo una fuerza increíble.

Hoy miro hacia atrás y me doy cuenta de que mi infancia no solo me marcó, sino que me construyó. A pesar del dolor, crecí con una fuerza que en ese momento no entendía. Si hay algo que me ha enseñado la vida es que nuestras heridas pueden convertirse en sabiduría, y que incluso en los momentos más difíciles, hay lecciones que nos hacen más fuertes.

Si estás leyendo esto y sientes que tu infancia dejó más heridas que recuerdos felices, quiero que sepas algo: no estás solo/sola. Un día mirarás atrás y entenderás que todo tenía un propósito: hacerte la persona que estás destinada a ser.

¿Y tú? ¿Has mirado alguna vez hacia tu infancia y descubierto lecciones que no entendías en su momento? Me encantaría leerte. Déjame un comentario y cuéntame si alguna parte de mi historia resonó contigo. Si sientes que este mensaje puede ayudar a alguien más, compártelo. Juntos podemos crear un espacio donde nuestras historias nos fortalezcan y nos ayuden a sanar.

Deja un comentario