
1️⃣ Una búsqueda interminable
Cuando crees que la respuesta está fuera, la búsqueda nunca termina.
Siempre hay una persona más de quien esperar aprobación,
una situación más en la que demostrar tu valor,
una versión más de ti que crear para ser aceptada.
Después de darme cuenta de que la independencia no me hizo sentir completa, seguí buscando en el exterior.
Creía que, si lograba encajar mejor, si gustaba más, si conseguía la atención adecuada, entonces por fin me sentiría suficiente.
Si las miradas estaban sobre mí, significaba que importaba.
Si alguien me elegía, significaba que valía la pena.
Si era reconocida, significaba que tenía un lugar en el mundo.
Pero no importaba cuánto lo intentara, el vacío seguía ahí.
2️⃣ El impacto en mis relaciones y decisiones
Cuando buscas validación afuera, pones tu felicidad en manos de otros.
Y cuando otros la sostienen, también pueden quitártela.
Ese deseo de ser reconocida y querida me llevó a tomar decisiones que no siempre estaban alineadas conmigo.
Me adapté a lo que los demás esperaban de mí.
Dije sí cuando quería decir no.
Me esforcé por demostrar mi valor en relaciones donde en realidad no era vista.
Quería sentirme parte de algo, y en esa búsqueda:
• Me involucré en amistades que no me hacían bien, pero prefería eso a la soledad.
• Entré en relaciones en las que me conformé con migajas de atención, porque algo era mejor que nada.
• Me convertí en lo que creía que debía ser para ser aceptada.
Pero cuanto más hacía por encajar, más lejos me sentía de mí misma.
3️⃣ Cuando la ilusión se desvanece
El problema de construirte a partir de la mirada de otros es que, cuando se van, te quedas sin nada.
Y cuando te das cuenta de que ni siquiera tú sabes quién eres,
todo empieza a tambalearse.
Me había pasado la vida buscando validación externa, sin darme cuenta de que nadie podía llenar el vacío que yo misma no sabía enfrentar.
Cada vez que alguien me ignoraba o no me elegía, mi mundo se desmoronaba.
Cuanto más buscaba aceptación fuera, más me perdía dentro.
Entonces lo vi con claridad:
• No estaba viviendo mi propia vida.
• No estaba eligiendo, sino dejando que me eligieran.
• No me estaba mirando a mí misma, sino reflejándome en los ojos de los demás.
Y así, poco a poco, la ilusión de que la felicidad estaba afuera comenzó a desmoronarse.
Aún no sabía quién era ni cómo empezar a encontrarme.
Pero sí entendí algo: nadie podía hacerlo por mí.
💬 ¿Y tú?
📌 ¿Alguna vez has sentido que te adaptabas a lo que los demás esperaban solo para ser aceptada/o?
📌 ¿Has llegado a un punto en el que te diste cuenta de que no sabías quién eras realmente?
Me encantaría leerte. Puedes compartir en los comentarios o simplemente dejar una señal de que tú también estás recorriendo el camino hacia ti.
Deja un comentario