Cuando el alma encuentra su tribu.

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A veces la vida te regala espacios donde el alma respira y se siente en casa.

Estos días he sentido algo muy profundo: pertenencia.
Encontrarme con personas que comprenden mi sentir, que también buscan respuestas y quieren hacer de este mundo un lugar más humano, más consciente.
Personas que te miran, te abrazan y te escuchan desde un lugar que va más allá del cuerpo.
Porque somos mucho más que materia: somos energía, emoción, alma.
Y cuando te abres, el universo comienza a hablarte. Solo hay que observar… y escuchar.

He sentido la fuerza de lo invisible, la belleza de lo simple, la potencia del encuentro verdadero.
Y también he confirmado que no estamos solos en este camino. Que hay corazones latiendo al mismo ritmo, aunque no siempre podamos verlos.

Hay sincronías que no necesitan explicación.
Y hay momentos que se quedan grabados en el corazón.
Gracias a todos los que formáis parte de este viaje. Qué bello es sentirme así: vista, aceptada, querida.

Porque cuando sanamos juntos, algo en el mundo también sana.
Somos almas en tránsito, buscándonos en los ojos del otro.
Y en cada encuentro auténtico, recordamos que no estamos perdidos: estamos volviendo a casa.
Gracias, vida. Gracias, camino. Gracias, verdad.

Sandrinne Élan

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