
Hay momentos en los que todo dentro se revuelve.
Es como si la vida te pusiera delante varias puertas y tú tuvieras que elegir una… con los ojos medio cerrados y el corazón latiendo fuerte.
Estoy ahí. Justo en ese cruce.
Donde una parte de mí quiere seguir, confiar, quedarse…
Y otra solo quiere salir corriendo y respirar en otra dirección.
La cabeza no para.
Le da vueltas a todo, calcula riesgos, repasa todo lo que podría salir mal.
Saca el archivo completo de miedos antiguos y los pone sobre la mesa como si fueran pruebas.
Pero el alma…
El alma no hace tanto ruido.
Susurra bajito.
Y me dice que tal vez no es momento de huir. Que tal vez esta vez no.
Que me quede un poco más. Que respire antes de decidir.
No tengo todas las respuestas. A veces ni siquiera tengo fuerza para buscarlas.
Pero algo dentro de mí —muy dentro— me dice que si decido desde mi verdad, no me voy a equivocar.
Aunque tiemble. Aunque me juzguen. Aunque me cueste soltar el control.
Porque no siempre se trata de avanzar o de cerrar etapas.
A veces se trata de escucharte de verdad.
De quedarte contigo.
De sostenerte hasta que la respuesta se haga clara.
Y tal vez ahí, justo ahí, empiece la libertad.
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