¿Cómo te gusta dar las gracias?
Dar las gracias es, para mí, un acto sagrado, un puente que une corazones. No se trata solo de palabras; es una energía que fluye y envuelve a quien la recibe. Me gusta agradecer con palabras sinceras, miradas que hablan, sonrisas que nacen desde dentro y abrazos que transmiten todo aquello que las palabras no logran expresar.
Agradezco a Dios cada día por estar viva, por abrir los ojos y ver la luz, por poder escuchar la voz de mis seres queridos, por poder caminar, sentir el aire, tocar lo que me rodea. Agradezco por lo grande y por lo pequeño, porque todo es un regalo.
A veces doy las gracias dejando espacio al silencio, porque hay momentos en los que un gesto, una presencia, vale más que mil frases. Otras veces agradezco con un mensaje escrito, una carta, una nota que alguien puede guardar y releer cuando lo necesite.
Me gusta dar las gracias compartiendo mi tiempo, escuchando sin prisas, ayudando en lo que puedo. Porque siento que el agradecimiento verdadero se demuestra con acciones: un detalle, una atención, una mano tendida, una mirada que dice «veo lo que has hecho, lo valoro y lo guardo en mi corazón».
Agradezco también en lo cotidiano: una sonrisa al desconocido que tuvo un gesto amable, un “gracias” al que hace su trabajo con amor aunque pase desapercibido para muchos.
Dar las gracias es, para mí, un modo de honrar la vida, de reconocer que nada nos es dado por obligación y que todo merece ser valorado. Porque el agradecimiento, cuando es profundo, se convierte en un regalo que también sana y llena el alma de quien lo ofrece.

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