¿En qué temas eres una autoridad?
Nunca me he sentido cómoda con la palabra “autoridad”. Prefiero pensar que la verdadera autoridad no se impone: se gana. Y se gana en las noches de insomnio donde solo te acompaña tu propia voz. En las decisiones difíciles que nadie ve. En los silencios que hablan más que las palabras.
Si algo me ha hecho autoridad es haber aprendido a sostenerme cuando todo se tambaleaba. Es haber elegido seguir adelante aun con miedo, haber abrazado mis propias sombras y mirar con ternura mis heridas. Es entender que la vida no siempre se trata de saber, sino de estar dispuesta a aprender una y otra vez.
Soy autoridad en buscar la paz cuando hay ruido, en caminar sin prisa cuando todos corren. En recordarme (y recordar) que la perfección no existe y que lo más valioso está en lo auténtico. En sostener con palabras, con presencia, con el alma, porque un día yo también necesité ser sostenida.
La única autoridad que reconozco es la del corazón que no se rinde, de la mirada que no juzga y de la mano que se tiende sin esperar nada a cambio. Si en algo me siento autoridad, es en intentar vivir con amor, con coherencia, con verdad. Y en ofrecer desde ahí lo que un día a mí también me salvó.

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