Frascos de paz y bolsitas de esperanza

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Si fueras a abrir una tienda, ¿qué venderías?

Vendería cosas que no se compran con dinero… pero que todos necesitamos.

Frascos de paz para los días de tormenta. Sobres con palabras que abracen. Tarros llenos de risas para cuando el alma se ponga gris. Y bolsitas de esperanza, para llevar en el bolsillo y abrir justo antes de rendirse.

También vendería café que huela a hogar, música que despierte la piel y cuadernos donde escribir todo lo que no nos atrevemos a decir en voz alta.

Y, en un rincón especial, tendría un estante de abrazos gratuitos. De esos que no caducan y que, al recibirlos, te hacen sentir que todo va a estar bien.

En mi tienda, el cambio no sería con monedas, sino con miradas sinceras y promesas de cuidarse uno mismo un poquito más.

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