1- A veces no se trata de etiquetas. Hay personas que simplemente no saben o no quieren quedarse.
2- No todo lo que nos duele habla de sensibilidad extrema. Muchas veces es la memoria de una herida que aún arde.
3- La frialdad no siempre es crueldad. Puede ser la armadura de alguien que aprendió a sobrevivir.
4- No todo compromiso ausente es miedo al amor. A veces es un “no” disfrazado de silencio.
5- Que alguien no cumpla lo que esperabas no lo convierte en tóxico. Solo lo muestra tal cual es, distinto a tu sueño.
Ponemos nombres y diagnósticos porque creemos que así duele menos. Pero la verdad —aunque incómoda— es simple: a veces el otro no es el problema, sino nuestra necesidad de que sea diferente.

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