A veces no es el cansancio físico lo que más nos agota.
Son esos pequeños escapes de energía que se nos van de las manos sin darnos cuenta.
🔹 Personas que viven en la queja, en la crítica o en la comparación constante.
🔹 Entornos desordenados, sin luz, ruidosos, que pesan más de lo que creemos en nuestro ánimo.
🔹 Nosotros mismos cuando nos exigimos de más, nos hablamos con dureza o nos olvidamos de poner límites.
Cada uno de estos factores va drenando poco a poco nuestra fuerza interior… hasta que sentimos que no avanzamos, aunque lo estemos intentando con todas nuestras ganas.
La buena noticia es que podemos cerrar esas fugas.
Con un “no” a tiempo, con un espacio más ligero y ordenado, con palabras más amables hacia nosotros mismos.
El poder de nuestra energía está en aprender a cuidarla.
Porque cuando dejamos de regalársela a lo que nos resta, empieza a florecer en lo que nos suma.

Deja un comentario