El dolor no se elige, el sufrimiento sí 

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El dolor forma parte de la vida. Llega sin avisar, atraviesa y enseña. Nos toca lugares que ni sabíamos que dolían, y por un tiempo necesitamos quedarnos ahí, en silencio, respirando lo que duele.

Pero el sufrimiento… el sufrimiento sí es una elección.

Nace cuando seguimos dándole vueltas a lo que ya no está, cuando revivimos escenas que podrían quedar atrás, cuando nuestra mente insiste en quedarse donde el alma ya pidió moverse.

No podemos evitar el dolor, pero sí decidir qué hacemos con él.

Podemos mirarlo, hablarlo, transformarlo.

Podemos pedir ayuda, escribirlo, llorarlo, o soltarlo poco a poco, sin dramatismo, con amor.

Porque para sufrir están los dolores, no los pensamientos.

No las relaciones, ni los miedos, ni las historias que inventamos para justificar por qué seguimos ahí.

Así que si algo te hace daño, trabájalo, compártelo o cámbialo, pero no lo sostengas solo para sufrir.

El dolor nos humaniza; el sufrimiento, en cambio, se disuelve cuando decidimos dejar de alimentarlo.

Y a veces, basta con recordarlo:

que la buena energía siempre tiene más fuerza que la angustia, y que la paz empieza justo ahí, donde dejamos de pelearnos con la vida.

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