Lo que casi nadie sabe de mí

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Cuéntanos algo que la mayoría de la gente probablemente desconoce de ti.

Pocas personas saben que detrás de mi serenidad hubo una niña que creció demasiado pronto.

Una niña que aprendió a leer los gestos antes que las palabras, a entender el dolor ajeno sin que nadie se lo explicara, y a sostener el mundo con las manos pequeñas.

Durante años pensé que mi fortaleza venía de haber resistido.

Hoy sé que viene de haber sentido.

De no haberme cerrado, aunque doliera.

De no haber dejado de buscar la luz, incluso cuando el camino era puro barro.

Lo que muchos no saben de mí es que mi calma no es herencia, es conquista.

Que he tenido que aprender a hacer las paces con mi historia, con mi voz, con mis sombras.

Que mi sonrisa no es ingenua, es sabia.

Y que mi ternura no es debilidad, es mi forma más honesta de rebelarme contra la dureza del mundo.

He pasado gran parte de mi vida cuidando a otros, y solo ahora empiezo a entender que cuidarme también a mí es una forma de amor.

De hecho, quizá la más importante.

Así que si alguna vez parezco fuerte, no es porque no haya caído.

Es porque aprendí a levantarme con más consciencia, menos culpa y más amor.

Y porque, aunque la vida me haya hecho perder muchas cosas, sigo creyendo profundamente en las personas, en el alma, y en esa belleza que aparece cuando ya no tenemos nada que demostrar.

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