La reconciliación

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No eran los pájaros.

Eras tú.

La niña que se tapaba la nariz.

La que no entendía por qué algo tan libre podía oler tan mal.

La que entraba en lugares grandes pero oscuros.

La que creía que volar era para otros.

No eran los pichones feos.

Eras tú, antes de ser tú.

La versión sin alas, con miedo, escondida en aquel palomar que mezclaba vida, ruido y desorden.

No era tu vida la que olía así.

Era solo un recuerdo que se quedó pegado, como una emoción antigua sin nombre.

Y ahora… ahora estás en el balcón.

Ahora miras de frente.

Ahora ya no bajas la vista.

Ahora escuchas el canto sin taparte los oídos.

Te has reconciliado con los pájaros.

Y eso significa que te has reconciliado con la parte tuya que siempre quiso volar, pero no sabía cómo salir del palomar.

No hace falta que vengan a ti.

Están ahí.

Cantan.

Y tú los ves.

Eso ya es libertad.

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