Si un genio te concediera tres deseos, ¿qué pedirías?
Si un genio me concediera tres deseos, creo que no pediría nada material.
Ya no.
Pediría, primero, paz, pero no la que depende del silencio externo, sino esa que nace dentro, cuando por fin dejas de luchar contra lo que fue y aprendes a soltar sin miedo.
El segundo deseo sería lucidez, para reconocer lo que realmente importa antes de que la vida me lo quite o me lo enseñe a la fuerza.
Para saber decir “esto sí” o “esto ya no”, sin culpa, sin dudas, sin miedo.
Y el tercero… el tercero lo dejaría abierto.
Quizás para el amor, en todas sus formas: el amor que sostiene, el que llega sin pedir permiso, el que te permite seguir creyendo aunque todo se tambalee.
Al final, los genios son solo metáforas.
Porque los deseos más profundos no se cumplen frotando una lámpara, sino despertando lo que llevamos dormido dentro.


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