Cuando la felicidad era sencilla

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¿Hay alguna edad o año de tu vida que te gustaría volver a vivir?

Sí. Volvería a mi infancia.

A los días en casa de mis abuelos, cuando el tiempo era lento y la vida sencilla.

Cuando paseaba por las calles del barrio con el traje de comunión de mi prima o el de boda de mi tía, y todos los vecinos me conocían.

Cuando jugaba en la calle sin temor a nada, donde todos los niños éramos iguales.

Cuando podía entrar en casa de cualquier vecina y sentirme en casa, como si el amor habitara en todas las puertas abiertas.

Volvería a esos domingos en la finca, con la comida casera, el campo, la piscina y las risas compartidas.

A disfrazarme con la ropa y los zapatos de mi tía, a visitar a mi abuelo en su trabajo, a los negocios de mis tías donde siempre caía alguna chuche.

Echo tanto de menos esos días…

Echo tanto de menos a mis abuelos.

Eran el centro, la raíz, la ternura.

Ellos eran el hogar antes de que yo entendiera lo que esa palabra significaba.

A veces pienso que en esos días aprendí lo que era el amor verdadero: la familia, la risa, el olor a guiso, el sonido del campo, la calma de sentirse parte de algo.

No se puede volver atrás, pero esa niña sigue dentro de mí, recordándome que la felicidad, en el fondo, siempre fue eso: lo simple, lo vivido, lo compartido… lo que se siente con el alma.

✨ Sandrinne Élan

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