Cuando algo en ti empieza a desbordarse

By

A veces nos pasa algo que no sabemos explicar del todo.

No es exactamente tristeza.

No es ansiedad.

No es agotamiento físico.

Es más bien una mezcla rara… como si hubiera algo dentro moviéndose sin permiso.

Uno cree que está mal porque el trabajo pesa, o porque hay demasiadas responsabilidades, o porque siente que vuelve a cargar más de lo que toca.

Y sí, claro que eso influye.

Pero a veces el malestar no viene de fuera.

Viene de dentro… de esa parte que lleva demasiado tiempo sosteniendo sin parar.

Hay momentos en los que el cuerpo habla antes que la mente: un nudo en el estómago, un cansancio profundo, una sensación de estar “a punto”, como si cualquier peso extra pudiera romper algo invisible.

Y ahí empieza la verdad.

Porque cuando uno mira con un poco más de calma, lo que aparece no es debilidad: es el alma pidiendo un descanso que hace años se le debe.

No es drama.

No es exageración.

Es honestidad.

Es ese momento en que te das cuenta de que no puedes seguir arreglando el mundo si no te haces sitio a ti mismo primero.

No hace falta tener una gran crisis para despertar.

A veces basta un día extraño, un bajón sin nombre, un cansancio que no es físico, o simplemente esa frase que aparece sola:

“Estoy cargando demasiado.”

Y, sin embargo, justo ahí…en esa incomodidad, en ese agobio que parece pequeño pero no lo es, se abre la posibilidad de algo distinto:

Empezar a escucharte.

Mirarte sin juicio.

Y reconocer que, aunque seas fuerte, también necesitas paz.

La paz no siempre llega con grandes cambios.

A veces llega cuando dejas de exigirte demostrar nada.

Cuando sueltas la idea de que tienes que poder con todo.

Cuando entiendes que no eres menos por sentirte vulnerable.

A veces la verdadera sanación empieza, simplemente, cuando admites que estás cansado y que mereces un lugar donde respirar sin miedo.

Deja un comentario