¿Confías en tu intuición?
¿Confío en mi intuición?
Cada vez más.
Durante años dudé de esa voz interna porque aprendí a escuchar primero lo de fuera: opiniones, miedos ajenos, expectativas, normas, esa sensación de tener que hacerlo “bien” según los demás.
Pero con el tiempo… con los golpes, los caminos torcidos, los renacimientos y las reconciliaciones conmigo misma… entendí algo que hoy siento como verdad:
Mi intuición nunca me ha fallado.
Los que fallaron fueron mis miedos.
La intuición no grita.
No exige.
No mete prisa.
La intuición es esa sensación suave en el pecho cuando algo es para ti, y ese pellizco que te avisa cuando no.
Es ese “no sé por qué, pero lo siento”.
Esa claridad que aparece sin necesidad de explicaciones.
Esa calma que se queda incluso cuando lo de fuera está lleno de ruido.
Hoy confío mucho más en ella porque sé que cada vez que la ignoré, me alejé un poquito de mí.
Y cada vez que la seguí, aunque temblando, la vida me colocó en sitios más honestos, más míos, más en coherencia con mi alma.
Así que sí… confío.
Confío porque es la única voz que no busca agradar, ni convencer, ni impresionar.
Solo quiere cuidarme, guiarme y recordarme el camino de vuelta a mí misma.


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