Mi amor por los animales, sin filtros

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¿Qué animales te gustan más?

Hay algo en los animales que siempre me ha tocado una parte muy honda. No sé si es su forma de mirarte sin filtros, o esa presencia silenciosa que tienen cuando la vida se te hace un poco cuesta arriba. Lo cierto es que siempre han sido refugio, compañía y verdad.

Y aunque me gustan todos… absolutamente todos —sí, incluso los más feos y los que nadie mira dos veces—, hay un lugar especial en mi corazón reservado para los gatos.

Los gatos tienen algo que no sé explicar del todo, pero lo siento cada vez que estoy cerca de uno.

Esa sutileza elegante, esa manera de moverse como si nunca pisaran del todo el suelo, ese silencio lleno de significado… te miran como si supieran algo de ti que tú aún no te has dicho. Y no necesitan hacer ruido para hacerse sentir.

Me maravilla su independencia, su libertad, ese “estoy contigo porque quiero, no porque me necesitas”.

Y a la vez, tienen una sensibilidad enorme para reconocer tu energía. Saben cuándo acercarse, cuándo ofrecerte su calorcito sin invadirte, cuándo poner su cuerpo al ladito del tuyo como quien dice: “estoy aquí, respira”.

Los perros, por otro lado, despiertan en mí esa parte de ternura más abierta. Su lealtad sin condiciones, su alegría, su forma de celebrarlo todo… son puro amor sencillo, del que no necesita explicación.

Y los pájaros… ay, los pájaros.

Ellos me conectan con algo más grande. Con el cielo. Con la libertad. Con esa niña que un día tuvo miedo y que, con el tiempo, aprendió a reconciliarse con sus propios vuelos.

Al final, creo que los animales son un espejo limpio. Nos muestran lo que somos sin juzgarnos, sin pedirnos nada más que presencia y respeto.

Quizás por eso me gustan tanto: porque en un mundo donde todo se complica, ellos siguen siendo pura esencia.

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