¿Cuáles son las mayores influencias de tu vida?
Mis mayores influencias no siempre han sido personas concretas.
A veces han sido etapas. O silencios. O preguntas que no tenían respuesta.
Me han influido mis hijos, sin duda. No por lo que dicen, sino por lo que despiertan en mí. Ellos me han enseñado a volver a lo esencial, a distinguir lo importante de lo urgente, a amar sin condiciones y a sostener incluso cuando no hay fuerzas. Con ellos he aprendido que la vida no se controla: se acompaña.
Me ha influido la vida cuando me ha descolocado. Cuando ha cambiado el guion sin avisar y me ha obligado a mirar distinto, a parar, a priorizar. No desde la dureza, sino desde una presencia más honda.
También me han influido los libros que llegaron en el momento justo, las palabras que alguien dijo sin saber que me estaban salvando un poco, y los lugares donde el cuerpo se relajó y el alma respiró. El mar mirado en silencio. Los caminos abiertos. La sensación de estar en tránsito, pero viva.
Y, quizá más que nada, me ha influido mi propia manera de atravesar las cosas. Mi forma de no cerrar el corazón. De seguir buscando luz incluso cuando no era evidente. De elegir conciencia antes que ruido.
No sé si eso cuenta como influencias.
Para mí, sí.
Porque todo lo que hoy soy se ha ido formando ahí.


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