A pesar de todo, la luz

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No siempre llega de golpe.

No siempre entra como un sol radiante que lo ilumina todo.

A veces la luz aparece despacio.

En gestos pequeños.

En una respiración más honda.

En una noche que por fin se duerme sin sobresaltos.

Después de días difíciles, una aprende algo sencillo y profundo: la esperanza no grita.

No hace promesas grandes.

No necesita explicarse.

Está.

Está en seguir.

En levantarse aunque el cuerpo vaya lento.

En mirar a quien amas y saber que, pese a todo, estáis aquí.

La luz también es esto: no negar el cansancio, pero no quedarse a vivir en él.

Es confiar en que lo que ahora parece frágil se irá fortaleciendo poco a poco.

Que la calma no siempre llega perfecta, pero llega.

Hoy elijo mirar desde ahí.

Desde la gratitud tranquila.

Desde la certeza íntima de que incluso en los momentos más oscuros hay algo que acompaña, que sostiene, que no se apaga.

No todo está resuelto.

No todo es fácil.

Pero hay vida abriéndose paso.

Y eso basta.

Hoy me quedo con la luz.

Con la esperanza que no hace ruido.

Con esa sensación suave que dice: seguimos.

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