Confianza sin prisa

By

¿Cuál es tu animal favorito?

Los pájaros no me gustaban antes.

No es algo que soliera decir, pero es verdad.

Me incomodaban. Me daban desconfianza. Algo en su manera de aparecer de repente, de moverse sin aviso, me ponía en guardia.

Durante mucho tiempo los miré desde lejos. Sin curiosidad. Sin cariño.

Como se mira aquello que no se entiende del todo y no se quiere tocar.

Curiosamente, con el gato me pasó algo parecido.

Tampoco fue amor a primera vista.

Al principio hubo miedo, distancia, una sensación extraña de no saber bien qué esperar. El gato llegó y yo tardé en relajarme. En confiar. En permitir que se acercara sin estar alerta.

Fue un proceso.

Con el tiempo, el gato me enseñó algo esencial:

que la confianza no siempre entra de golpe.

Que a veces se construye despacio, en silencio, sin promesas.

Que no todo lo que ama invade; algunas presencias simplemente se quedan.

Y algo parecido ocurrió después con los pájaros.

No llegaron de pronto como símbolo ni como revelación.

Llegaron poco a poco.

Cuando yo ya estaba más quieta.

Cuando ya no necesitaba controlar tanto.

Cuando empecé a mirar sin esperar nada.

Un día estaban ahí… y no me molestaban.

Otro día me parecieron hermosos.

Otro día sentí que, de alguna forma extraña, hablaban de mí.

Hoy los pájaros me representan libertad, sí.

Pero no la libertad ruidosa ni grandilocuente.

Sino esa que aparece cuando una deja de huir.

El gato sigue siendo mi animal favorito.

Por lo que tiene de presencia silenciosa, de intuición, de compañía sin exigencias.

Los pájaros llegaron después, cuando ya había aprendido algo importante:

que lo que antes daba miedo, a veces solo estaba esperando a que yo cambiara.

No todo lo que rechazamos es peligro.

A veces somos nosotras las que aún no estábamos listas.

Y eso, también, es un proceso.

Deja un comentario