¿Cuál es el trabajo de tus sueños?
No tengo claro cuál es el trabajo de mis sueños.
Y ya no lo digo con angustia. Lo digo con sinceridad.
Durante mucho tiempo pensé que tenía que saberlo todo antes de moverme.
Ahora empiezo a entender que hay cosas que se descubren mientras caminas.
Lo que quiero no es un gran título ni una idea brillante.
Quiero algo más concreto.
Quiero un trabajo donde pueda estar presente sin ir siempre con prisa.
Donde mi forma de mirar, de escuchar, de acompañar, no sea un estorbo, sino un valor.
Donde no tenga que endurecerme para ser respetada.
Quiero un trabajo que me permita sostener mi vida, no huir de ella.
Que conviva con mis hijos, con mis tiempos, con mi cuerpo.
Que no me exija estar siempre bien, siempre fuerte, siempre disponible.
Me gustaría trabajar con personas, pero sin salvar a nadie.
Acompañar sin imponer.
Estar sin empujar procesos.
Quiero sentir que lo que hago tiene sentido porque es coherente, no porque sea grandioso.
Ganar dinero, sí.
Pero sin pagar con mi paz.
No busco una vocación perfecta.
Busco continuidad.
Algo que pueda crecer conmigo, a medida que yo también me ordeno por dentro.
Puede que este trabajo aún no tenga nombre.
Pero ya empieza a tener forma.
Y esa forma se parece bastante a mí: tranquila, honesta, imperfecta, presente.
Puede que este trabajo aún no tenga nombre.
Ni un formato claro.
Ni un camino recto.
Pero empieza a tener algo mucho más importante:
dirección.
Se parece a mí cuando no me fuerzo.
Cuando no corro.
Cuando no me explico de más.
No sé exactamente dónde me llevará este camino,
pero sí sé algo que antes no tenía tan claro: esta vez no estoy yendo en contra de mí.
Y, ahora mismo, eso basta para seguir.


Deja un comentario