Hacer poco, estar mucho

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¿Qué es lo que más te gusta hacer en tu tiempo libre?

No siempre es lo mismo.

Y eso ya dice bastante.

Hubo un tiempo en el que pensaba que el tiempo libre tenía que “aprovecharse”.

Hacer algo productivo. Algo bonito. Algo que se pudiera contar.

Como si incluso el descanso tuviera que justificarse.

Ahora no.

Lo que más me gusta hacer en mi tiempo libre es estar.

Sin agenda. Sin expectativas. Sin deberle nada a nadie, ni siquiera a mí.

A veces es caminar despacio, sin rumbo claro.

O sentarme en silencio, mirando cómo pasa la tarde.

O perderme en una conversación que no busca conclusiones.

O escribir sin intención de publicar.

O no hacer absolutamente nada y no sentir culpa por ello.

Me gusta ese tiempo en el que no tengo que ser útil, interesante ni coherente.

Ese rato en el que no tengo que sostener a nadie.

Ni mejorarme.

Ni explicarme.

Con el tiempo he entendido que eso —aunque parezca poco— es mucho.

Porque ahí aparece algo verdadero.

Una versión de mí que no está en alerta, que no corre, que no se tensa.

No siempre es placentero.

A veces duele.

A veces incomoda.

Pero es real.

Y quizá eso es lo que más me gusta hacer en mi tiempo libre:

volver a mí sin exigencias.

Escuchar lo que aparece cuando nadie me pide nada.

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