Escribe sobre la casa de tus sueños.
El otro día entré en Idealista sin intención de comprar nada.
Solo mirar.
Casas luminosas. Cocinas blancas. Terrazas con plantas perfectas.
Y ahí estaba yo ampliando fotos como si estuviera buscando algo muy específico.
Pero no estaba mirando los metros.
Estaba intentando imaginar cómo se sentiría vivir ahí.
No si cabía el sofá.
No si la encimera era moderna.
Sino si habría espacio para poner macetas de verdad, no de decoración.
Si habría un rincón donde sentarme a escribir sin estar de paso.
Si cerca habría árboles, tierra, algo vivo.
Si desde alguna ventana se intuiría el mar, aunque fuera a lo lejos.
Porque mi casa soñada no es solo una casa bonita.
Es una casa con aire.
Con plantas que crezcan porque hay luz suficiente.
Con ventanas abiertas sin miedo al ruido.
Con una mesa donde se pueda estar horas sin que nadie mire el reloj.
No es lujo.
Es estabilidad.
Es que mis hijos entren y se tiren al sofá sin pensar nada más.
Es que yo no tenga que medir el ambiente antes de hablar.
Es que el silencio no sea incómodo ni tenga doble lectura.
Y cuanto más miro anuncios, más claro lo tengo:
lo importante no sale en las fotos.
No se ve si ese salón ha sido refugio o solo escenario.
No se ve si esa terraza se usa o solo se enseña.
No se ve si la casa tiene vida… o solo estética.
No sé cuándo llegará esa casa física.
Con jardín, o con árboles cerca, o con el mar respirándose a lo lejos.
Pero sé algo con certeza:
ya no quiero una casa que sea solo bonita.
Quiero una donde se pueda vivir de verdad.
Y esa decisión, aunque todavía no tenga dirección exacta ni plano, ya cambia muchas cosas.


Deja un comentario