Si pudieses prohibir para siempre una palabra que todo el mundo usa, ¿cuál sería? ¿Por qué?
Prohibiría la palabra “siempre”.
Porque es cómoda. Y por eso es peligrosa.
“Siempre haces lo mismo.”
“Siempre reaccionas así.”
“Siempre te equivocas.”
“Siempre llegas tarde.”
Con una sola palabra convertimos un momento en identidad.
“Siempre” no deja espacio al error puntual.
No deja espacio al aprendizaje.
No deja espacio al cambio.
Es una palabra que parece pequeña, pero encierra a las personas en una versión fija de sí mismas.
Y casi nunca es verdad.
Nadie es siempre fuerte.
Nadie es siempre inseguro.
Nadie es siempre intenso.
Nadie es siempre el problema.
“Siempre” simplifica lo complejo.
Y la vida no es simple.
A veces usamos “siempre” porque estamos cansados.
Porque nos duele algo.
Porque queremos tener razón.
Pero cada vez que lo decimos, cerramos una puerta.
Y yo creo que crecer tiene mucho más que ver con dejar puertas abiertas que con tener la última palabra


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