Si tuviera que empezar mi autobiografía

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Si tuvieras que escribir tu autobiografía, ¿con qué frase empezarías?

“He cambiado de piel más veces de las que imaginé.

Y, aun así, sigo siendo la misma”.

No hablo de transformaciones espectaculares, de esas que convierten una oruga en mariposa de un día para otro.

Hablo de algo más silencioso: etapas que se van quedando pequeñas y versiones de una misma que aprenden a crecer.

Si tuviera que empezar mi autobiografía con una frase, probablemente sería esa.

No porque mi vida haya sido especialmente extraordinaria, sino porque he aprendido algo con los años: las personas cambiamos más de lo que creemos.

Y muchas veces ese cambio ocurre sin que nos demos cuenta.

La niña que fui no es la misma mujer que soy hoy.

La joven que pensaba tener las cosas claras tampoco.

Ni siquiera la mujer de hace diez años miraba la vida exactamente igual.

Y, sin embargo, algo permanece.

Tal vez sea la forma de observar.

Tal vez la curiosidad por entender.

Tal vez esa necesidad de buscar sentido incluso en lo cotidiano.

Con el tiempo he comprendido que cambiar no significa perderte.

Significa evolucionar.

Significa revisar lo que dabas por hecho, soltar algunas certezas y permitir que aparezcan otras nuevas.

Las vidas más interesantes no son necesariamente las más fáciles ni las más lineales.

Son las que se transforman.

Las que se replantean cosas.

Las que se permiten crecer sin sentir que están traicionando a quien fueron.

Porque cambiar de piel no es desaparecer.

Es seguir caminando con más conciencia de quién eres.

Y quizá por eso, si algún día escribiera mi autobiografía, empezaría así.

Porque no soy exactamente la misma que empezó el camino.

Pero tampoco he dejado de ser yo.

Quizá todos, si tuviéramos que empezar nuestra autobiografía, lo haríamos hablando de cambio.

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