¿De qué manera un fallo (o un aparente fallo) te prepara para un próximo éxito?
Hay una idea muy extendida que dice que los fallos nos preparan para el éxito.
Suena bien.
Motiva.
Y en algunos casos incluso es verdad.
Pero con los años he aprendido que no siempre funciona exactamente así.
Muchas veces un fallo no te prepara para un éxito inmediato.
Lo que hace es algo distinto: te obliga a parar y a mirar de otra manera.
Cuando algo no sale como esperabas, ocurre algo curioso.
Durante un tiempo te quedas sin el mapa que pensabas que tenías.
El camino que parecía claro deja de serlo.
Las certezas se tambalean un poco.
Y te toca volver a pensar.
No siempre es cómodo.
Pero sí es interesante.
Porque en ese momento empiezan a aparecer preguntas que antes ni siquiera estaban sobre la mesa.
¿Era realmente por aquí?
¿Esto era lo que quería?
¿O simplemente era lo que parecía lógico seguir?
A veces el error no te lleva directamente a un éxito mayor.
Pero sí hace algo importante: te mueve del sitio donde estabas demasiado cómodo o demasiado convencido.
Y ese pequeño desplazamiento cambia muchas cosas.
De repente empiezas a mirar con más atención.
A elegir con más conciencia.
A entender mejor qué merece realmente tu energía.
No siempre ganamos después de fallar.
Pero casi siempre entendemos algo que antes no habíamos visto.
Y esa comprensión, aunque no tenga titulares épicos, suele ser mucho más valiosa.


Deja un comentario