¿Qué te hace reír?
Me hacen reír muchas cosas.
Pero casi nunca son las que uno esperaría.
A veces son momentos así.
Como aquella vez en un aeropuerto, a miles de kilómetros de casa.
Con prisa.
Mucha prisa.
Vi dos maletas iguales a la mía y cogí la primera sin pensar.
Manuel me dijo:
—¿Seguro que es la tuya?
Y yo:
—Sí, sí, venga, vamos…
Ni comprobar.
Nos subimos al bus del hotel.
Y allí iba yo, además, comentando en voz alta:
“Hay que ver lo que tarda la gente… somos los últimos siempre porque alguien pierde las maletas…”
Tal cual.
Llegamos al hotel.
Todo precioso.
Subimos a la habitación.
Y cuando fui a abrir la maleta… no abría.
Mi cabeza hizo un giro raro.
Pensé: “¿quién ha cambiado el candado de mi maleta?”
En ningún momento pensé que no era mía.
Hasta que lo entendí.
Y ahí…
silencio.
Cara de poema.
Y luego risa.
Porque claro…
alguien se había quedado sin sus maletas.
Un día entero.
Y nosotros moviendo cielo y tierra para devolverlas y recuperar las nuestras.
Ahora lo cuento y me río mucho.
Pero mucho.
Porque me veo.
Con prisa.
Convencida.
Sin escuchar.
Y aún así…
viva.
Y también me doy cuenta de algo.
Que muchas veces la vida no necesita grandes cosas para enseñarte.
A veces basta una maleta equivocada.
Y un poco de prisa.
Para recordarte que ir más despacio… tampoco está tan mal.


Deja un comentario