
No siempre hay que correr. A veces lo más valiente es detenerse y respirar.
No sé por dónde seguir… y tal vez eso también es parte del camino
Hay días en los que no tengo claro nada.
Ni el siguiente paso.
Ni qué quiero hacer.
Ni a dónde voy.
Y por un momento, eso me asusta. Porque he aprendido a moverme, a accionar, a estar siempre resolviendo. Pero hoy… no. Hoy solo sé que estoy aquí. Cansada, con el corazón lleno de preguntas, y con una extraña calma que me dice que no tengo que tener todas las respuestas.
He comprendido que el no saber también es parte del camino.
Que a veces la vida se detiene para que puedas escucharte más allá del ruido.
Que la pausa no es pérdida.
Es espacio sagrado.
A veces, el mayor acto de amor hacia una misma no es avanzar.
Es quedarse. Sentarse. Respirar.
Y confiar en que la dirección volverá cuando estés lista.
No sé por dónde seguir, y por primera vez no lo vivo como un fracaso.
Lo vivo como una tregua.
Un momento íntimo de regreso a mí.
No sé si estoy evolucionando o solo sobreviviendo con más conciencia, pero aquí estoy.
Porque incluso cuando no lo veo claro, sé que no me estoy traicionando.
Sé que no estoy huyendo.
Estoy permitiéndome estar… hasta que vuelva la luz.
Y eso, también es avanzar.
Replica a enriqueferrerselma Cancelar la respuesta