Yo, Sandra, soy valiosa por lo que soy, no por lo que hago.
Soy valiosa por mi capacidad de amar incluso cuando he sido herida.
Por levantarme una y otra vez, incluso cuando nadie me sostenía.
Por mi forma de cuidar, de escuchar, de transformar el dolor en sabiduría.
Soy valiosa por mis cicatrices, porque no me definen, pero sí cuentan la historia de mi coraje.
Por mi ternura, que se abre paso entre las capas que me puse para sobrevivir.
Por mi palabra, que guía, que consuela, que toca a quienes necesitan luz.
Soy valiosa porque no me rendí cuando todo invitaba a hacerlo.
Porque sigo caminando, aunque no tenga todas las respuestas.
Porque elijo la vida, la belleza, la verdad, cada día.
Soy valiosa porque me miro con honestidad, aunque duela.
Porque estoy aprendiendo a recibir, a pedir, a dejarme cuidar.
Porque soy madre, mujer, alma en camino, y mi existencia tiene sentido.
Yo, Sandra, soy valiosa porque estoy viva.
Y mi valor no depende de la mirada de nadie más.
Mi valor es mi raíz, mi fuego, mi verdad.
¿Te ha resonado este manifiesto?
Quizás quieras escribir el tuyo.
Porque cada alma tiene su valor y su voz.
Gracias por leerme.

Mi valor no depende de la mirada de nadie.
Es mi raíz, mi fuego, mi verdad.
Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta