¿Recuerdas tu libro favorito de la infancia?
Sí, lo recuerdo como si fuera hoy.
“Momo”, de Michael Ende. Un libro que cayó en mis manos cuando era pequeña… y se quedó a vivir dentro de mí.
No era solo una historia, era una revelación.
Momo era una niña que no tenía nada, excepto lo más valioso: tiempo.
Y algo aún más raro: sabía escuchar.
A través de sus oídos, la gente se encontraba consigo misma.
Después aparecían los Hombres Grises, que venían a robar lo más sagrado: el tiempo, la ternura, el juego, la presencia.
Y Momo, sin armas ni estrategias, solo con su alma limpia y una tortuga sabia, se atrevía a defender lo invisible.
Ese libro me enseñó, sin yo saberlo aún, que el tiempo no se mide en minutos…se mide en vida.
Y que cuando escuchamos de verdad, algo en el mundo se reordena.
Hoy, de adulta, lo entiendo más que nunca.
Momo no fue solo mi libro favorito de la infancia.
Fue mi primera brújula espiritual.


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