¿Cuál es la comida más rica que has probado?
No fue en un restaurante de lujo.
Tampoco llevaba ingredientes exóticos ni presentación de revista.
Fue esa comida que me supo a hogar.
La que alguien preparó con las manos cansadas pero el corazón lleno.
Un guiso sencillo que me abrazó por dentro en un día difícil.
Un plato improvisado, compartido entre confidencias, lágrimas o risas.
Una cena al aire libre, con pan, fruta, y una conversación honesta.
He probado sabores intensos y texturas cuidadas, pero lo más delicioso siempre estuvo ligado al momento,
a quien estaba al otro lado de la mesa,
a cómo me sentía al dar el primer bocado.
A veces era solo una tostada con aceite,
otras, una sopa en la casa de alguien que me acogía cuando yo no sabía dónde ir.
Recuerdo una comida con mi hijo en silencio, y cómo su presencia hacía que todo supiera mejor.
Porque al final, la comida más rica no la decide el paladar, sino el alma.

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