Una palabra, una canción, una mirada al cielo…
Y no es nostalgia, es amor.
Amor del más limpio, del más fiel.
Amor que no pide nada, solo se queda.
Mi Pataky.
Mi chiquitina suave, mi alegría con patas.
La que me miraba sin juicio.
La que entendía lo que ni yo sabía que sentía.
La que me acompañó en mi sombra, sin hacer ruido,
y me sostuvo cuando no podía más.
Tú, que eras abrigo.
Tú, que sabías estar sin invadir.
Tú, que me enseñaste que el verdadero amor no exige, simplemente es.
No sé cómo lo hacías,
pero bastaba con verte respirar tranquila para que mi mundo se ordenara.
Sigues aquí.
En cada calma que recupero.
En cada paso que doy con más ternura.
En cada decisión que tomo recordando que merezco el amor con el que tú me mirabas.
Gracias, compañera.
Gracias, maestra.
Gracias, hija, madre y amiga en una sola alma.
Seguirás latiendo en mí toda la vida.


Deja un comentario