¿Qué plato te hace sentir en tu zona de confort?
No me gustan los dulces.
Y aunque he probado muchos platos en mi vida, hay uno que siempre me lleva a casa: el arroz.
Ese que nunca me sale como quiero, pero que sigo intentando.
El arroz es memoria, es infancia, es fuego lento.
Es el olor de mi abuela, es el plato de los domingos que me hacía sentir segura.
Aunque nunca logré dominar su punto exacto, cada vez que lo cocino me arropa algo por dentro.
No es por cómo queda, sino por lo que despierta.
Porque a veces, estar en tu zona de confort no tiene que ver con el sabor, sino con el ritual.
Con remover la cuchara con esperanza.
Con esperar que esta vez sí.
Con saber que hay cosas que, aunque nunca salgan perfectas, siguen siendo tuyas.
Mi plato de confort no es una receta. Es una caricia.
Una manera de recordarme que el amor no se mide por lo bien que cocinas, sino por lo mucho que sigues intentándolo.

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