Si ganaras dos billetes de avión gratis, ¿adónde irías?
Si me regalaran dos billetes de avión, usaría solo uno.
No por arrogancia. Tampoco por tristeza.
Sino por una necesidad antigua —casi sagrada—de estar conmigo.
No sola en el mundo, sino sola en mí.
Sin voces alrededor.
Sin tener que cuidar, explicar, sostener.
Sin disfraz de madre, ni de mujer fuerte, ni de nada.
Me iría a un lugar donde el mar suene más fuerte que mi mente, donde los árboles no me juzguen si me siento en el suelo a llorar sin motivo.
Un sitio sin “tienes que”, sin “a qué hora vuelves”, sin obligaciones ni etiquetas.
Me iría con una libreta. Con una playlist que conozca mis grietas.
Con ropa cómoda y sin reloj.
Y escribiría un rato. Dormiría otro.
Miraría las nubes.
Me preguntaría cómo estoy. De verdad.
No sería una huida.
Sería un regreso.
Y sí, quizás me asustaría el silencio los primeros días.
Pero después… después creo que podría encontrar algo.
No sé qué.
Pero algo mío.
Así que si alguna vez me ves con un billete en la mano y nadie al lado, no preguntes con quién voy.
Pregúntame a dónde me estoy encontrando.

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