Si alguien no te pudiera ver, ¿cómo te describirías?
A veces me descubro observándome como si no fuera yo.
Como si alguien desde fuera me estuviera mirando con ternura y pensara:
“Mira esa mujer, qué manera tan suya de emocionarse con un violín…”
Mido 1,70, que para algunas cosas es una ventaja y para otras, pues no tanto.
Soy más bien alta, de ojos marrones oscuros y piel dorada, de esas que en verano coge color rápido y en invierno conserva un tono cálido.
Tuve el pelo claro de pequeña. Muy rubia. Luego cambió, como cambian tantas cosas.
La música me atraviesa. Hay piezas de violín que me hacen llorar sin motivo aparente… o con muchos motivos, pero que no hacen falta explicar.
Soy sensible, mucho. A veces demasiado, pero ya no me castigo por eso.
A veces me río sola. A veces me canso.
Me encanta caminar despacio por lugares bonitos, hablar con alguien que entienda el silencio, escribir sin filtro, observar sin juzgar.
Me conmueven los pequeños gestos. Me detengo en los detalles que la mayoría pasa por alto.
Y me gusta ayudar. A veces sin darme cuenta, sin querer ser ejemplo de nada, solo estando.
Tengo esa forma rara de acompañar, sin invadir.
De cuidar, sin atar.
No vengo de una infancia fácil. Pero he hecho de todo eso una especie de fuerza blanda. Una fortaleza cálida.
No me interesa impresionar. Prefiero tocar.
Tocar con palabras, con miradas, con esa presencia que no pide nada pero lo da todo.
Mi mundo interior es amplio, contradictorio, fértil. Llueve, pero también florece.
Pienso mucho. Siento más.
Y aún así, hay días en los que no entiendo nada.
Me pierdo. Me contradigo. Y luego me vuelvo a encontrar.
Y aunque aún me cueste reconocerlo del todo… hay partes de mí que me gustan cada vez más.
Si alguien no pudiera verme, me gustaría que sintiera esta mezcla.
De tierra y de cielo.
De ternura y de verdad.

Replica a Lo que soy, sin necesidad de explicarlo – Raíces y alas Cancelar la respuesta