¿Qué hábito de tu día a día mejora tu calidad de vida?
Cada día, entre las prisas y el ruido, busco un instante para detenerme y respirar. No es un gesto grandioso, pero sí sagrado: cerrar los ojos, sentir el aire entrar y salir, y recordar que la vida está ocurriendo aquí, justo ahora.
También escribo, aunque sea una sola línea. En ese espacio íntimo de palabras me encuentro conmigo, me reconcilio con lo que siento y dejo que el papel guarde lo que mi alma no quiere olvidar.
Y cuando camino entre árboles, la naturaleza me devuelve una calma antigua, como si me recordara que pertenezco a algo más grande, que no estoy sola.
Son hábitos sencillos, pequeños rituales cotidianos, pero en ellos se esconde mi mejor medicina. La calidad de vida, al final, no es más que eso: regresar cada día, de alguna forma, a casa.

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