¿Crees que tienes dotes de liderazgo?
Siempre que escucho la palabra liderazgo pienso en grandes discursos, trajes impecables y decisiones que cambian empresas enteras. Pero, si lo pienso de verdad, mis mejores gestos de liderazgo no tuvieron nada de eso.
A veces lideré cuando me atreví a decir “no” aunque temblaba por dentro.
Otras, cuando sostuve a alguien en silencio, sin necesidad de palabras.
Y también cuando me miré al espejo y me dije: basta, ahora vas tú primero.
Creo que el verdadero liderazgo no está en tener seguidores, sino en ser coherente contigo misma. En mostrar vulnerabilidad, en aprender a levantarte y en ser capaz de inspirar con lo que eres, no con lo que aparentas.
Liderar, para mí, es tener el valor de andar tu camino aunque no esté trazado.
Es sostener tu voz incluso cuando nadie más parece escucharla.
Es abrazar tus miedos y, aun así, dar un paso más hacia adelante.
El liderazgo auténtico no se mide en números ni en títulos, sino en la huella invisible que dejas en las personas que se cruzan contigo. En la fuerza que transmites cuando te muestras de verdad, sin adornos ni máscaras.
Así que sí, tengo dotes de liderazgo. Pero no porque mande ni porque tenga todas las respuestas, sino porque aprendí a caminar fiel a mí misma, y a invitar a otros a hacer lo mismo.
Porque aprendí que el mayor poder que podemos tener es vivir desde nuestra esencia y recordar a otros que ellos también pueden hacerlo.

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