Cuéntanos una lección que te gustaría haber aprendido antes.
Que no tengo que sostenerlo todo sola.
Que está bien pedir ayuda, dejarme cuidar, dejarme sostener.
Durante mucho tiempo pensé que la fortaleza era aguantar, resistir, callar. Y qué carga tan pesada fue esa creencia… Hoy sé que la verdadera fortaleza también se encuentra en la ternura, en soltar, en confiar en que la vida y los demás también pueden sostenerme.
Hubiera querido aprender antes que descansar no es rendirse. Que dejar caer los brazos no es derrota, sino la oportunidad de abrazar la calma.
Ahora camino con la certeza de que no soy menos por parar, por llorar, por dejarme acompañar.
Soy más.
Porque solo desde ahí puedo volver a levantarme con amor y con verdad.

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