No siempre somos conscientes, pero cada palabra que pronunciamos es como una semilla.
Algunas florecen en calma, amor o confianza.
Otras, sin darnos cuenta, nos pesan dentro y nos hacen más pequeños.
Las palabras tienen vibración.
Cuando hablamos desde el miedo, la culpa o la desvalorización, nuestro cuerpo lo siente.
Cuando hablamos desde la gratitud, la confianza y la apertura, algo se enciende en nosotros: la vida se expande.
No es magia. Es presencia.
La forma en la que nos hablamos a nosotros mismos puede sostenernos… o derrumbarnos.
Y lo mismo ocurre con lo que decimos a los demás: cada frase que regalamos puede ser un puente o un muro.
Por eso hoy quiero recordarme —y recordarte— que tenemos un poder silencioso y enorme en algo tan simple como las palabras.
Que podemos elegir decir “puedo” en lugar de “no valgo”.
Que podemos elegir “gracias” en lugar de “qué miedo”.
Y así, poco a poco, cambiar la forma en la que sentimos, decidimos y vivimos.
Porque sí: las palabras crean realidad.

Replica a catpleasant9edad5b6f3 Cancelar la respuesta