El regalo de no encajar

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Háblanos de una ocasión en la que te sentiste fuera de lugar.

A lo largo de mi vida he sentido muchas veces esa sensación de estar fuera de lugar. En el colegio, por ejemplo, cuando parecía que todos encajaban menos yo. O en reuniones en las que mi manera de ver el mundo no tenía nada que ver con la mayoría.

Durante mucho tiempo lo viví como un peso. Me preguntaba qué tenía de malo, por qué parecía que yo no lograba encajar como los demás. Me dolía. Pero con los años entendí que esa diferencia era, en realidad, una enseñanza. Estar “fuera de lugar” me obligó a mirarme por dentro, a sostenerme sola, a desarrollar una sensibilidad que después me permitiría conectar profundamente con otras personas.

Hoy sé que no necesito encajar en todas partes. Lo importante es pertenecer a mí misma. Y, cuando me encuentro con personas que también caminan “fuera de lugar”, ya no me duele… sonrío, porque sé que ahí hay un espejo y quizá también un refugio.

Porque, al final, lo que importa no es el lugar en el que estás, sino cómo eliges habitarlo.

Una respuesta a “El regalo de no encajar”

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