Hoy es un día menos.
Menos para seguir esperando, menos para seguir postergando, menos para seguir fingiendo que todo está bien.
Durante mucho tiempo me asustaba pensar así.
Sentía que decir “un día menos” era hablar de pérdida, de tiempo que se escapa.
Pero ahora lo entiendo distinto.
Decir hoy es un día menos no es rendirse, es despertar.
Es reconocer que la vida no espera, que cada amanecer trae una oportunidad que no se repetirá igual.
Que lo único que realmente tengo es hoy.
Hoy es un día menos para seguir atrapada en lo que ya no vibra,
para seguir justificando lo injustificable, para seguir mirando hacia atrás esperando respuestas que no llegan.
Y también…
hoy es un día menos para que llegue algo nuevo, para que todo cobre sentido, para que lo que estaba dormido empiece a florecer.
No sé cuánto tiempo tengo, pero sí sé que no quiero desperdiciarlo.
Que prefiero vivir este día con verdad, aunque duela, aunque sea imperfecto, aunque no tenga todas las respuestas.
Porque cuando entiendes que cada día es uno menos…aprendes a cuidar mejor lo que tienes.
A soltar más rápido lo que duele.
Y a mirar la vida con la gratitud tranquila de quien por fin sabe que no hay tiempo que perder.

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