¿Cuánto pagarías por ir a la luna?
No sé cuánto pagaría por ir a la luna, pero sé cuánto me ha costado llegar a las mías.
A veces no están tan lejos, solo parecen inalcanzables porque el miedo las envuelve como una atmósfera densa.
Y aunque no brillen todas las noches, siempre están ahí, esperando a que las mire de frente sin dudar.
He pagado con renuncias, con silencios, con lágrimas que nadie vio.
He pagado con decisiones difíciles, con adioses que me rompieron un poco, con la valentía de seguir creyendo en algo que no todos entienden.
He pagado también con amor: por los demás, por mis hijos, por la vida y por mí, aunque ese último haya tardado en llegar.
Ir a la luna, en mi caso, no sería escapar.
Sería llegar a ese lugar interno donde no necesito justificar mi forma de sentir, donde puedo respirar sin miedo a que me juzguen por ser intensa, sensible o demasiado humana.
Sería mirarme con la ternura con la que antes solo miraba a los otros.
No sé cuánto cuesta ir a la luna, pero sí sé lo que vale atreverse a mirar hacia ella cada noche y seguir soñando, incluso cuando parece imposible alcanzarla.
Y si eso no es tocarla, se le parece bastante.

Replica a Javi Arellano Cancelar la respuesta