A veces creemos que amar es dar mucho.
Dar palabras, dar tiempo, dar gestos.
Pero amar de verdad no tiene que ver con cuánto damos, sino con cómo miramos al otro.
Amar es detenerse y escuchar cuando alguien necesita desahogarse.
Es ofrecer un plato de comida cuando el alma tiene hambre.
Es acompañar en silencio cuando las lágrimas no encuentran consuelo.
El amor auténtico no se mide en sacrificios, sino en comprensión.
En esa capacidad de percibir lo que el otro necesita, aunque no lo diga.
A veces amar es tan simple como estar.
Mirar sin juzgar, sostener sin invadir, abrazar sin prometer nada.
Y también, reconocer cuándo uno mismo necesita ese mismo tipo de amor: un amor que escuche, que cuide, que entienda.
Porque no todos saben darlo…pero todos podemos aprender a mirar con el alma.



Deja un comentario