Qué es lo más caro que te has comprado (sin incluir la casa o el coche).
Si hablamos de dinero… podría decirte que fue un bolso o un viaje.
Pero la verdad es que lo más caro que me he comprado no se paga con tarjeta.
Me compré mi paz.
Y créeme, no venía en oferta.
Tuve que dejar atrás culpas, expectativas, vínculos que no sabían acompañar.
Tuve que pagar con horas de silencio, con lágrimas, con soledad a veces.
Me costó entender que no todo lo que brilla es compañía, y que no todo lo que duele hay que sostenerlo.
También me compré libertad, y esa sí que salió cara.
Tuve que romper estructuras, deshacer caminos “seguros” y volver a empezar más de una vez.
Pero qué lujo poder dormir tranquila sabiendo que mi vida ya no depende de agradar a nadie.
Y, si me apuras, lo más caro que sigo pagando es aprender a no traicionarme.
Porque ser fiel a una misma cuesta mucho, pero vale cada centavo de alma.


Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta