¿Qué tiene de bueno tener un animal de compañía?
Para mí no son “animales de compañía”.
Esa palabra me queda corta.
Ellos no solo acompañan: sostienen, enseñan, salvan.
Son compañeros de vida.
Almas que llegan sin avisar y se quedan donde más las necesitas.
Saben cuándo estás triste, cuándo el silencio pesa, cuándo una caricia vale más que cualquier palabra.
Y ahí están. Siempre.
No te piden que sonrías ni que seas fuerte.
Solo se acercan, te miran y te recuerdan que el amor puede ser simple.
Que a veces basta con estar, con respirar juntos, con sentir que no estás sola.
A su manera, te devuelven la fe en lo bueno.
En lo que no traiciona, en lo que no exige, en lo que no se va por orgullo.
Te enseñan a amar sin miedo, a cuidar sin esperar nada a cambio, a confiar otra vez.
Por eso no los llamo “mascotas”.
Porque no lo son.
Son familia, son hogar.
Y aunque algunos ya no estén, siguen aquí, latiendo conmigo de otra forma.
🕊️ En honor a Lisi, Bimba, Garfield y Pataky.
Mis compañeros de alma.
Mis maestros silenciosos.
Los que me enseñaron que el amor verdadero nunca muere, solo cambia de forma.


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