Enumera tus tres grandes manías.
Hay cosas que una no elige, simplemente… son así.
Pequeñas manías que te ordenan la vida por dentro aunque desde fuera parezcan una tontería.
La primera es el orden.
Si mi entorno está caótico, yo también. Necesito que las cosas tengan su sitio, que no haya ruido visual, que el día empiece con un mínimo de armonía. Es como si el orden externo me diera permiso para respirar y recolocarme por dentro.
La segunda: la cama.
Hecha, estirada, sin una arruga. No sé vivir de otra forma.
No puedo dormir en una cama deshecha ni aunque me pagaran. Me da paz ese gesto: estirar las sábanas, dejarlo bonito, sentir que cierro el día o que lo empiezo desde un espacio limpio y en calma.
Y la tercera… los olores.
Tengo una sensibilidad especial con eso. No soporto los ambientadores artificiales fuertes, pero sí me obsesiona que mi casa huela a hogar: limpio, suave, a vela encendida o a sábanas recién cambiadas. Los olores me cambian el ánimo, me traen recuerdos, me devuelven a mí.
Lo curioso es que, aunque sean “manías”, en el fondo hablan de algo más sencillo:
necesito paz, armonía y belleza a mi alrededor para poder ser yo.
Y eso… tampoco está tan mal.


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