A veces siento que crecer es esto: ir aprendiendo a soltar, a mirarte con más ternura, y a entender—por fin—que no todo depende de ti, pero sí la forma en que caminas lo que te toca.
Hoy me han resonado doce cosas.
Cosas simples… pero de esas que te recolocan por dentro cuando las recuerdas a tiempo.
El pasado no se puede cambiar.
Y no sabes la paz que llega cuando dejas de luchar contra esa pared.
El presente sí.
A veces basta un gesto mínimo para que algo dentro se mueva.
Todo mejora cuando lo miras con amor.
Incluso tú.
La opinión de los demás habla de ellos, no de ti.
Me ha costado años entenderlo sin que me duela.
La felicidad no es universal. Cada uno encuentra la suya donde puede… o donde se atreve.
Hay aprendizajes que desgarran, pero también son los que más abren caminos.
La intuición no falla.
Cuando la escucho, todo encaja. Cuando no… ya sabes.
El tiempo cura más de lo que admitimos.
A veces lo único que hace falta es dejar de forzar.
Siempre podemos volver a empezar.
Incluso desde lo roto.
Cerrar ciclos también es amor.
A otros, pero sobre todo a ti.
Los sueños se buscan.
Las personas no. Quien quiere estar, está. Y se nota.
Lo que no ocurre en años, ocurre en un minuto.
La vida tiene esa forma suya de sorprender, de sacudirte, de abrirte puertas que no esperabas.
No sé…hoy me quedo con esto: la vida no siempre pide fuerza, a veces solo pide honestidad.
Honestidad para admitir lo que pesa, lo que ya no encaja, y también lo que sí: lo que te ilumina, lo que te empuja hacia adelante.
La vida, al final, no se controla.
Pero se siente.
Y ahí es donde todo empieza.


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