¿Hay algo que los demás hagan que te cause admiración?
Hay cosas que yo antes admiraba sin pensarlo demasiado: la valentía, la perseverancia, la creatividad… ya sabes, esos conceptos grandes que suenan muy bien cuando la vida está tranquila.
Pero estos días, con mi hija ingresada, todo se ha recolocado dentro de mí.
Ahora admiro otras cosas.
Cosas mucho más simples.
Mucho más humanas.
Mucho más verdaderas.
Admiro a quienes llegan con calma cuando tú estás temblando por dentro.
A quienes te hablan despacio, con esa voz que no empuja, que no juzga, que no exige.
A quienes miran a tu hija como si fuera suya, con cariño, con cuidado… incluso en medio del caos, incluso cuando tú misma apenas puedes sostenerte.
Admiro a los profesionales que llevan horas sin parar y aun así encuentran un segundo para explicarte, para tranquilizarte, para tratar a Sofía con una ternura que no se estudia en ningún libro.
Esa humanidad silenciosa… esa sí que me rompe y me cose a la vez.
Admiro a quienes te preguntan cómo estás, pero de verdad.
A quienes se quedan aunque no tengas fuerzas ni para contestar.
A quienes sienten contigo sin necesidad de palabras bonitas.
Y admiro también a las madres y padres que pasan noches enteras sin dormir, en UCI, en pasillos, en sillas… que sostienen el miedo sin gritar, que siguen de pie porque no hay otra opción.
Ahora las veo con otros ojos.
Ahora me veo a mí misma con otros ojos.
La admiración cambia cuando la vida te tiembla.
Se vuelve más honesta, más concreta, más frágil.
Hoy admiro profundamente cada acto pequeño de amor que aparece cuando una niña está luchando por recuperarse.
Y cada gesto que nos ayuda a respirar un poco mejor.
Porque en momentos así… eso es lo verdaderamente grande.


Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta