Cuando dejamos de señalar

By

Vivimos señalando lo que falta, lo que duele, lo que no es.

Lo hacemos casi sin darnos cuenta.

Como si fuera una forma de estar en el mundo.

Como si señalar nos protegiera de algo.

Nos hemos acostumbrado a mirar al otro desde la carencia.

Desde el error.

Desde lo que no encaja con nuestra forma de ver la vida.

Y no siempre hay mala intención.

Muchas veces hay cansancio.

Miedo.

Una necesidad silenciosa de sentirnos un poco por encima para no sentirnos tan frágiles.

Emitir juicios se ha vuelto automático.

Casi reflejo.

Mientras la empatía queda relegada a algo opcional, secundario, prescindible.

Vivimos en un tiempo donde el ruido pesa más que la verdad y la apariencia parece importar más que la esencia.

Donde opinar es más rápido que comprender y hablar es más fácil que escuchar.

Señalamos sin detenernos a pensar qué dejamos en el otro cuando lo hacemos.

Qué herida tocamos.

Qué carga añadimos.

Qué distancia creamos.

Pero a veces —muy pocas, pero suficientes— paramos.

Paramos un segundo.

Dejamos de mirar desde lo que nos separa.

Y algo se recoloca por dentro.

Recordamos que, más allá de las diferencias, todos compartimos lo mismo: miedo a no ser suficientes, soledad aunque estemos acompañados, y un deseo profundo de pertenecer.

No importa de dónde vengamos.

Ni la historia que carguemos.

Ni las decisiones que hayamos tomado.

Cuando entendemos esto, algo cambia.

No porque el otro deje de ser quien es, sino porque dejamos de mirarlo como un adversario.

Este no es un texto para pedir perfección.

Ni silencio.

Ni complacencia.

Es una invitación a revisar desde dónde hablamos.

Desde dónde opinamos.

Desde dónde señalamos.

Tal vez no se trate de cambiar al otro.

Tal vez se trate de volver a mirarnos desde un lugar más humano.

Más honesto.

Más amoroso, incluso cuando no estamos de acuerdo.

Señalar separa.

Comprender acerca.

Y en un mundo que parece empeñado en dividir, dejar de señalar —aunque sea por momentos—ya es una forma de cuidado.

Una respuesta a “Cuando dejamos de señalar”

  1. Avatar de KikeFerrer
    KikeFerrer

    Juzgar es uno de los atributos del Ego, que se sostiene, como bien señalas, en el Miedo. Y sobre este tema, una reflexión que me viene a la mente, de alguien que ya lo pensó antes (porque, entre todos, lo sabemos Todo!):

    «No debo tener miedo.

    El miedo es el asesino de la mente.

    El miedo es la pequeña muerte que trae la aniquilación total.

    Enfrentaré mi miedo.

    Permitiré que pase sobre mí y a través de mí.

    Y cuando haya pasado, volveré mi ojo interior para ver su camino.

    Donde el miedo se ha ido no habrá nada.

    Sólo permaneceré yo.»

    Frank Herbert. Del libro, «Dune».

    Te amo amiga Sandrinne ❤️

    Le gusta a 1 persona

Deja un comentario