Invéntate una idea de negocio descabellada.
No es un negocio para cambiar a nadie.
Es un lugar para descansar de uno mismo.
Aquí no hay objetivos que cumplir, ni versiones mejores que alcanzar, ni prisas disfrazadas de motivación.
Aquí puedes llegar como estás.
Cansada, entera, confundida, serena.
Durante mucho tiempo nos han hecho creer
Con preguntas o sin ellas.
que siempre falta algo, que hay que pulirse, corregirse, rehacerse.
Y a veces lo único que falta es un sitio donde no te empujen a ningún sitio más.
Este lugar no promete resultados.
Ofrece presencia.
Escucha.
Silencio cuando hace falta y palabras suaves cuando llegan solas.
No es un espacio para convertirse en otra persona, sino para volver a la que ya eres cuando nadie te mira ni te evalúa.
Aquí no pasa nada espectacular.
Y, sin embargo, pasa lo importante.
Si algún día necesitas parar sin huir, quedarte sin explicarte, respirar sin tener que demostrar nada… este lugar existe.
Y no te pide nada a cambio.
Un sitio donde alguien te diga:
“Así como estás ahora, ya eres suficiente para sentarte aquí.”
No se vende transformación.
Se ofrece permiso.
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Qué se hace ahí (lo descabellado de verdad)
Sesiones de acompañamiento sin objetivo.
Encuentros donde no se habla si no apetece.
Cartas escritas a mano para personas que no sabes si volverán.
Espacios para llorar sin explicación.
Caminatas lentas. Conversaciones sin final feliz obligatorio.
Y, curiosamente, la gente cambia.
Pero no porque se lo proponga.


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